A este escrito lo pensé en respuesta a una publicación que realizó el Sr. Gabriel Rolón en su cuenta de Instagram @gabriel.rolon titulada Falacia de la atracción

Escribió sobre la ley de atracción, poniendo en duda su veracidad.

Este es el texto que él publicó:

«FALACIA DE LA ATRACCIÓN

Desde hace un tiempo se instaló en la cultura una idea que tiene poco de ciencia y mucho de magia: la ley de atracción.
Según esta teoría, las emociones y pensamientos que alguien tiene, tanto conscientes cómo inconscientes, actúan sobre la realidad externa de manera tal que atraen aquello que esa persona desea. El basamento lógico sería que la energía que los sentimientos generan, vibran en armonía con lo deseado y provocan que eso venga hacia nosotros.
No es cierto.
Es verdad que quien desea mucho algo tiene más posibilidades de conseguirlo, pero no porque la esperanza lo atraiga, sino porque ese deseo pone al sujeto en movimiento y lo dirige hacia lo que quiere conseguir.»

Decidí responderle desde aquí porque no acuerdo con lo que dice: Sí tiene aval científico y no se basa en tener esperanza. Paso a explicar.

La ley de atracción es una ley universal que funciona, aunque no creas en ella. Sí tiene un aval científico. Las neurociencias, por un lado, han podido comprobar que al pensar de determinada manera se activan ciertas áreas del cerebro que disparan emociones que a su vez nos predisponen a actuar de una determinada manera y a obtener determinados resultados.

La física cuántica, por otro lado, a partir de los descubrimientos de Einstein en contraposición a la visión de Descartes y Newton, dice que los componentes esenciales de nuestro llamado mundo físico, son tanto ondas (energía) como partículas (materia física) dependiendo de la mente del observador. Ha demostrado que hay una interrelación entre el pensamiento y la realidad, que es cierto que atraemos y creamos todas nuestras circunstancias y que, por lo tanto, podemos crear nuestra realidad.

La ley de atracción no es magia, en el sentido de “sacar un conejo de la galera con el toque de la varita mágica”, no es algo esotérico ni funciona en base a la esperanza.

La neurocientífica Tara Swart, autora del libro The source (La fuente), afirma que esta ley realmente funciona, que es muy poderosa y efectiva para enfocarnos en lograr lo que deseamos.

Swart dice que la intención lo es todo. El primer paso para manifestar lo que deseamos es decidir lo que realmente queremos. Por eso es importante tener muy claro lo que se quiere lograr.

Al tener claros los objetivos a alcanzar, el cerebro se prepara para que comprendas que lo que quieres es importante y es hora de concentrarse más en ello.

Una vez establecida tu intención, tu cerebro se activa en tres sistemas neurológicos: el filtrado selectivo, la atención selectiva y el etiquetado de valores.

Al establecer conscientemente tu intención todos los días y mantenerla en tu mente continuamente, evitas que el cerebro la filtre, y así permanece presente y tu mente se enfoca en ella.

En este punto empiezan a darse sincronicidades y oportunidades que están alineadas con lo que deseas. Esto es lo que algunos llaman magia.

Eso se debe a que cuando tu cerebro se enfoca en la intención que estableciste, comienza a prestar más atención a todo aquello que podría ayudar a materializarla etiquetándolo por orden de importancia. Para facilitar este proceso se sugiere practicar la visualización creativa, la gratitud, la utilización de afirmaciones positivas o mantras, etc. Todo esto acompañado de la fe, no de la esperanza, y de la confianza en el proceso.

Aquí aparece el punto de conexión con la física cuántica. Una vez que hayas alineado tu cerebro con tus objetivos, habrás cultivado lo que Swart llama «deseo magnético». Esto sucede cuando tus emociones están realmente alineadas con lo que querés, pues entonces tu cerebro se llena de emociones positivas que te conducen hacia lo que deseás y te mantienen motivada.

Una vez que el deseo magnético se activa, es posible que comiences a tomar algunas acciones para invocar tu nueva realidad. Debés tomar acción para aprovechar las oportunidades y sincronicidades que tu cerebro ahora está preparado para ver. No me quedo sentada esperando que ocurra. Aquí coincido con el Sr. Rolón, el deseo me pone en movimiento y me dirige a lo que quiero conseguir.

La ley de la atracción no es magia. Lograr tus metas no sólo se trata de desearlas y pensar positivo, también requiere trabajo constante, identificar y aprovechar las oportunidades, correr ciertos riesgos y saber que algunos factores siempre estarán fuera de tu control.

Y aquí les voy a compartir sintéticamente la explicación científica desde la mirada de la física cuántica.

Formamos parte de un inmenso campo invisible de energía que contiene todas las realidades posibles y que responde a nuestros pensamientos y emociones. Lo que creo y pienso ejerce un profundo efecto en el mundo que me rodea. Los pensamientos direccionan mi vida. ¿Puedo entonces crear con mi mente mi propia realidad?

Según el descubrimiento de Einstein, el observador modifica la realidad. Todo lo que existe en nuestra realidad existe como puro potencial, hasta que lo observo, lo pienso, lo imagino, lo visualizo. Si puedo imaginar un acontecimiento futuro basándome en un deseo, esa realidad ya existe como posibilidad en el campo cuántico esperando a que la observe. Nos comunicamos con el campo cuántico sobre todo por medio de los pensamientos y sentimientos, nos dice Joe Dispenza. Como nuestros pensamientos son en sí mismos energía (los impulsos eléctricos del cerebro se pueden medir con un electroencefalograma), son uno de los principales medios con los que enviamos señales

al campo. Pero, además, un pensamiento en forma de intención necesita un elemento energizador, un catalizador, y esta energía es una emoción elevada. El corazón y la mente actuando como uno. Los sentimientos y pensamientos unidos en un estado del ser.

El campo cuántico no responde simplemente a nuestros deseos (nuestras peticiones emocionales) ni tampoco a nuestras intenciones (nuestros pensamientos). Sólo nos responde cuando estos dos factores son afines o coherentes, es decir, cuando emiten la misma señal.

Cuando combinamos una emoción elevada con un corazón abierto, y una intención consciente con un pensamiento claro, hacemos que el campo nos responda de forma asombrosa.

Nuestros pensamientos envían una señal eléctrica al campo. Y nuestros sentimientos y emociones atraen magnéticamente situaciones en la vida. Al unirse lo que pensamos y sentimos produce un estado del ser que genera una huella electromagnética que a su vez influye en cada átomo de nuestro mundo.

Todas las experiencias existen en potencia como improntas electromagnéticas en el campo cuántico, como un mar de infinitas posibilidades.

Si queremos cambiar algún aspecto de nuestra realidad, tenemos que pensar, sentir y actuar de manera diferente, tenemos que responder a las experiencias de manera diferente.

Tenemos que ser observadores distintos.

La ley de atracción consiste, entonces, en conectar con la inteligencia universal, contactar directamente con el campo de posibilidades y enviar la señal clara de lo que queremos para ver los resultados que deseamos en nuestra vida, haciendo acciones coherentes con nuestros pensamientos y emociones.

Así lo hicieron grandes personajes de la historia como Luther King, Marie Curie, Gandhi, Edison, y algunos más. Ellos tuvieron un sueño, una visión. Imaginaron una realidad futura que existía como posibilidad en el campo cuántico. Entonces empezaron a vivir como si ese sueño ya estuviera sucediendo, como si ya fuera una realidad. Y accionaron en consecuencia.

Creo yo que estamos en una era en la que se han hecho visibles y puesto al alcance de todos, nuevos conocimientos y pensamientos que buscan expandir nuestra conciencia.

El psicoanálisis es una buena herramienta, es más, yo hice muchos años psicoanálisis. Pero no es la única. Hoy en día contamos con un conjunto de disciplinas, teorías y corrientes que apuntan a ese despertar de conciencia que la humanidad está necesitando, y que son tan válidas como las ciencias tradicionales.

Debemos integrarlas, no fragmentarlas. Las neurociencias, la epigenética, la ontología del lenguaje, la física cuántica, la teoría general de sistemas, las constelaciones familias, la biodecodificación y tantas otras han venido para quedarse. Conozcámoslas y utilicémoslas para lograr mayor bienestar en nuestras vidas y en nuestra comunidad.

Y una última cosa, la realidad es como es, no hay una verdad única, cada uno la interpreta de acuerdo a sus experiencias previas, a su sistema de creencias, a su cultura, a sus conocimientos.

No me creas lo que digo, experiméntalo, probá, pone en práctica estos conceptos, y después dejá tu comentario.

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