Desastre natural, catástrofe ambiental, económica, familiar, habitacional, podés agregarle los adjetivos que quieras.

No importa el nombre. Esta aquí y hay que hacer algo.

La situación es grave, te atraviesa, te interpela.

Te obliga a moverte, a correrte de la zona de confort, que es ese lugar conocido, donde todo se da de una manera esperada, donde actúas en piloto automático, donde no hay nada para aprender.

De golpe sucede algo que te saca de allí, que te sacude y te obliga a tomar decisiones rápidas. ¡No  hay mucho tiempo para pensar, hay que actuar!

Y mientras te preparás para la acción te preguntás ¿por qué?, ¿por qué a mí?, ¿por qué a nosotros?, ¿por qué nos pasa esto?

Tenés que saber que si te quedás encerrado/a durante mucho tiempo en esa pregunta, que además te va a generar estrés, miedo, angustia, desesperanza, rabia, etc., vas a provocar una gran tensión interna que no te lleva a ningún lado. Esa pregunta no tiene respuesta, no te genera nada valioso, y te quita la energía que necesitás para ocuparte y resolver lo urgente.

En cambio, si te hacés otras preguntas, las que yo llamo “poderosas”, tu cuerpo y tu mente van a responder de otra manera: ¿para qué?, ¿para qué ocurre esto?, ¿qué puedo hacer para superarlo?, ¿hay algún aprendizaje que pueda rescatar de esta situación?

Con sólo cambiar la palabra ‘por’ por ‘para’ te vas a parar frente a la vida de una manera distinta. Preguntarse ‘para qué’ te abre posibilidades, y en lugar de ver todo negro, sin salida, vas a empezar a percibir un haz de luz.

Siempre hay un mensaje oculto en todas las experiencias que vivimos. Aunque ahora no lo puedas ver.

Entonces, preguntate: ¿para qué ocurre lo que ocurre?

La respuesta está en vos, dentro tuyo. Ta vez sea necesario que, frente a tales circunstancias, comiences a revisar y cuestionar tus valores, tus creencias, tus pensamientos, tus sentimientos, tus afectos, tus sueños, tu actitud ante los otros, tus responsabilidades, tu conducta ante el sufrimiento propio y ajeno cuando éste se presenta.

Tal vez sea el momento de preguntarte si tus decisiones están siendo coherentes con tus acciones, con lo que querés para vos y tu familia, si estás eligiendo con responsabilidad y haciéndote cargo de tus elecciones y decisiones, si estás actuando moralmente o utilitariamente, si estás comprometido/a con la sociedad y con el mundo que habitamos, o si sólo te estás beneficiando sin importar lo que provocás con tus actitudes y acciones.

Tal vez puedas preguntarte si estás comprometido/a con alguna causa en común, si te preocupa la sociedad, la humanidad, o si sólo querés pasarla bien siendo indiferente a toda otra cuestión.

Las situaciones inesperadas, las crisis, los problemas, llegan a nuestra vida para despabilarnos, para darnos una bofetada que nos despierte de la modorra habitual.

Nuestras decisiones, nuestras elecciones, nuestras acciones no nos son indiferentes a nosotros ni al mundo. Tienen una consecuencia. Y tenemos que aprender a hacernos cargo.

No sirve pasar horas preguntando de quién es la culpa. Preguntate qué parte de responsabilidad te toca en esta situación, de qué podes hacerte cargo vos, qué está al alcance de tus manos para hacer que aporte algo a tu familia, a tu comunidad, al mundo.

No te quedes en tu casa pensando en el problema o quejándote. Empezá a trabajar en la solución. Tenés que hacerte más grande que el problema. Eso ayuda a resolverlo.

Pensá qué podés aportar para solucionarlo, Empleá tu tiempo y tu energía en buscar estrategias y planificar respuestas posibles.

“La unión hace la fuerza,” dicen por ahí. Es que es así. Cuando nos unimos en pos de un objetivo en común que nos beneficie a todos, creamos un bloque indestructible que será muy difícil derribar. Cuando nos dividimos, aparece la grieta y suben al poder la guerra de egos, el desamor, la avaricia, la discusión hueca, la crítica destructiva, la lucha de poderes, y el fin común se pierde.

Quién sabe lo que viene a enseñarnos esta situación. Resolviendo lo urgente no podemos sentarnos a pensar. Pero será un buen ejercicio para cuando todo se calme.

Recordá que a veces no comprendemos las situaciones provocadoras de la vida. Debemos confiar en que hay un plan perfecto esperando ser descubierto.

Te invito a iniciar esa búsqueda.

María Eugenia Guerrini

Lic. en Servicio Social – Coach Ontológico Profesional – Docente – Escritora

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